Despiertas en
tu vasta cama redonda con una amplia sonrisa y el pecho rebosante de dulce
nostalgia; tus ojos se pierden en la vacuidad al seguir contemplando las
imágenes frescas del sueño que acababas de abandonar. Nunca deja de maravillarte
la manera en que estas fantasías se esfuman lentamente pese a tus desesperados
esfuerzos por retenerlas. Es difícil de creer cómo aquello que minutos atrás te
resultaba tan espléndido e incluso sublime, poco a poco se vuelve trivial,
carente de sentido y a menudo absurdo. Pero lo que más te impresiona es la idea
de que alguna vez el ser humano no tenía más opción que aceptar esta realidad y
dejar que aquellas placenteras vivencias nocturnas desaparecieran para siempre;
no te es posible imaginar la vida antes de la existencia del iDream.