Atrapado



Al abrir los ojos todo era oscuridad. Al principio no lo entendió, pero al estirar la mano y golpear una superficie sólida a escasos treinta centímetros de su pecho, comprendió que estaba adentro de una caja. Pocos segundos después, al percatarse de las dimensiones de su encierro y de la fina tela con la que estaba forrado, la frialdad del terror recorrió todo su cuerpo: ¡era un ataúd!
¡Enterrado vivo!
Instintivamente intentó empujar la tapa con todas sus fuerzas, pero ésta no se movió un ápice. La idea de tener tres metros de tierra sobre él y no poder liberarse a voluntad hizo que le faltara aire y comenzó a respirar aceleradamente. No ayudaba mucho tampoco el hecho de no poder hacer nada al respecto de la oscuridad, pues sabía que sus ojos jamás iban a adaptarse a la ausencia absoluta de luz. 

Un grito comenzó a formarse en su interior y amenazaba con brotar sin control como una arcada o un chorro de vómito atrapado en la garganta listo para salir. Era el grito que antecede a la desesperación total. Después de eso, no habría marcha atrás. Gritaría sin parar hasta acabarse el oxígeno, desgarraría la superficie del ataúd hasta arrancarse las uñas y si alguna vez lo llegaban a exhumar, sería un espectáculo de horror que quedaría grabado en las mentes de quienes lo vieran por el resto de sus vidas. 
Hizo un esfuerzo por recobrar el control de su respiración y consiguió finalmente reprimir el grito. Trató de relajar todos los músculos de su cuerpo y permaneció así varios segundos hasta que la tormenta dentro de su cabeza se disipó.  
¿Pero cómo llegó ahí? Intentó evocar su último recuerdo. 
Era de noche y estaba en su habitación, frente a la laptop. Revisaba su estado de cuenta. La tarjeta de crédito estaba a más del 70 por ciento y su cuenta de ahorros asimismo estaba en estado crítico. 
¡La pensión alimenticia de su hijo!, recordó de golpe. Ya tenía una atrasada y sabía que la hija de puta de su ex no dejaba pasar oportunidad de joderlo. Además, este mes (¿o era el próximo?) era el cumpleaños de su novia y no tenía idea de cómo ser creativo, práctico y económico al mismo tiempo. (¡Para tu hija nunca te falta, pero conmigo siempre estás contando el dinero!
Tenía que pedir un aumento, lo sabía. Ese fue el propósito del último Año Nuevo, pero bien sabía que sería más fácil sacarse la lotería; el imbécil de su supervisor nunca lo permitiría. 
Se trataba de un mediocre, pendejo, bueno para nada, aferrado a su puesto obtenido por palancas. El idiota tenía tanto miedo de que algún subordinado pudiera reemplazarlo que dedicaba día y noche a buscar el menor de los defectos en el trabajo de los demás. 
Y a propósito de trabajo, ¡Los reportes del último mes no estaban listos! (Más munición para ese mamón). ¡Claro! ¿Y cómo iban a estar listos, si la chingona de su ex le dejaba a cargo del niño los fines de semana, para ella poder disfrutar con su nueva pareja? (¡Tienes que hacer algo al respecto ya! -La voz de su novia- ¡Estoy harta de no poder ni coger a gusto porque está el niño en el otro cuarto!
Aunque odiara admitirlo, su novia tenía razón, tenía que poner un alto a esa situación. Le estaba afectando en todos los aspectos de su vida. No es que no disfrutara estar con su hijo, por supuesto que ese no era el caso, pero tenía que haber un equilibrio y la potestad compartida debía ser justa para ambas partes, no es posible que…
Meditando sobre estos y otros asuntos, volvió a quedarse dormido.

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